El tiempo que pasamos frente a la pantalla del ordenador o del móvil es excesivo, el estrés, el trabajo o el tráfico son problemas comunes que la mayoría de nosotros tenemos que soportar a diario. Una de las mejores maneras de restablecer el equilibrio en nuestras vidas es volver a la naturaleza.

No hay mejor manera de conectarse con el aire libre que hacer una ruta de senderismo por el campo. Cierra los ojos y piensa en ello: los árboles, el olor del bosque, la paz y tranquilidad.

El estado de bienestar que nos invade, incluso después de una hora al aire libre, es increíblemente gratificante y nos carga las pilas. Pero desaparece en un instante si comienza a salirte una ampolla.

Las ampollas son la lesión más común en los pies de los senderistas y, si no estás preparado, pueden estropear toda tu ruta de senderismo. Caminar con ampollas no es lo ideal, la fricción puede hacer que la ampolla explote, lo que puede provocarte una infección dolorosa.

Cuidados para las ampollas en el senderismo

La mayoría de las ampollas son dolorosas, algunas más que otras, pero hay signos para ver si la herida se ha infectado. Antes de tratarte la ampolla, lávate las manos con agua tibia y jabón para evitar bacterias en la herida. Inspecciona la zona alrededor de la ampolla en busca de signos de hinchazón, malos olores, pus, dolor, agujeros o descamación de la piel. Vete al médico si sientes que tu ampolla está infectada (por ejemplo, si ves algo de pus en tu ampolla).

Si bien una bota de senderismo correcta ayuda a prevenir las ampollas, es mejor tener un kit anti-ampollas a mano para tratarlas si aparecen. Esto incluye apósitos para ampollas especializados, material absorbente, como gasas y desinfectante. En la mayoría de los casos, es mejor no reventar una ampolla, pero al caminar, la mayoría de los senderistas prefieren explotarla y drenarla bajo condiciones controladas, en lugar de arriesgarse que estalle dentro del calcetín.